Cada semana, e incluso a veces
cada día, cambia el eje alrededor del cual se busca transformar la
cotidianidad argentina en un escenario de catástrofe. El olvido
inmediato, la fugacidad de sus afirmaciones tremebundas y la
irresponsabilidad suelen ser los mecanismos que utiliza la corporación
mediática para avanzar hacia lo que podríamos denominar “una profecía
autocumplida”, allí donde nunca vuelve sobre sus pasos para revisar sus
predicciones. Su objetivo, siempre, es el día a día, la multiplicación
de una atmósfera envenenada que busca alterar la percepción que el
habitante común y corriente tiene de su propia vida. Machacan y
machacan, pasan de tema en tema renovando continuamente el stock de
denuncias que se diluyen como si fueran tormentas de verano.
Anunciaron a los cuatro vientos que no tendríamos gas en los últimos
inviernos y que, al subir las temperaturas en los veranos, nos
enfrentaríamos a un colapso energético que dejaría al país a oscuras;
después de la recuperación de YPF han dedicado páginas y páginas a
anticipar la inviabilidad de la compañía regocijándose, de modo
anticipado, de su próximo colapso, ocultando los cambios evidentes que
se vienen produciendo desde que se logró reconstruir un proyecto de
soberanía hidrocarburífera que se había extraviado bajo la batuta del
neoliberalismo de la década del ’90; se dedicaron cada año, desde la
disputa por la 125, y haciendo coro con los restos pauperizados de la
mesa de enlace, a anticipar la quiebra final de la lechería y el
desastre agropecuario acompañado, todo este cóctel, con la segura
necesidad de la importación de carne para satisfacer la demanda del
mercado interno; se entusiasmaron, en la segunda mitad del 2008, y lo
vuelven a hacer ahora, con la llegada de la crisis mundial como punto de
cierre del “populismo” kirchnerista y como golpe de muerte a la
recuperación del salario; despotricaron contra el uso soberano de las
reservas afirmando, sin ruborizarse, que la sociedad sería testigo del
modo como se acabarían por vaciar las arcas del Banco Central, ellos que
fueron ideólogos y cómplices de la bancarrota que terminó por estallar
en diciembre de 2001 y nada dijeron,...
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